Crítica de Juan Cervera

Artemio Guerra

Luz, Color, Ritmo, Movimiento
La irrefrenable fuerza del Mito.


Por Juan Cervera

Ante la obra pictórica de Artemio Guerra Garza -5 de noviembre 1946, Reynosa, Tamaulipas-, donde el arte de torear, sobre el que Pepehillo, el matador andaluz del siglo XIX, tan sabiamente teorizara, no es posible sustraerse a la emoción del magistral muletazo por la izquierda, el elegante derechazo y el pinturero recorte.

JUAN CERVERA
Destacado periodista   
y escritor español.
Guerra Garza, con original maestría aborda el tema taurino, desde ángulos novísimos, logrando que el torero y el toro se fusionen en una briosa, ágil, colorida e hipnótica musculatura, sometida a la rítmica acción del musical movimiento de sus pinceles.
Hay además en sus pinceles una telúrica vibración, subyugada por el mito ancestral.
Lo mitológico va mucho más allá del sangriento preámbulo de la anunciada muerte del toro y el peligro inminente que sobrecoge cada suerte torera recreada en sus lienzos.
En cada una de sus obras, donde la realidad se hace fábula, descubrimos un legendario trasfondo de forjador, y podemos escuchar el tintineo del martillo sobre el yunque bajo el llameante ojo de la fragua y el soplar de los fuelles.
Algo de Vulcano tiene la obra pictórica de Guerra Garza, ya que su señor padre, don Cristin Guerra, fue herrero. De ahí que su firma sea un yunque.
El hierro, al rojo vivo, sin objeción toma las formas más insólitas, por la gracia y la magia de los pinceles de Guerra Garza, hijo de doña Alicia Garza; liberándose así de toda clase de grilletes y creando llaves liberadoras, que se atreven a entreabrir las puertas del misterio; liberando batallas con el drama cósmico, que es la vida, y convirtiéndose en arte.

Guerra Garza, como Vulcano, afronta la contienda del arte ordenando las formas más férreas en juegos de arcoiris fascinantes. En su pintura nos encontramos, junto con toros y toreros, con centauros, argonautas, temblores de pléyades y gigantes en gestación.
Cada una de sus obras es un reto constante a los poderes del Universo desde el poder de su forzado arte.
Guerra Garza, desde los días de su infancia, allá en la herrería de su señor padre, se sintió tentado por la seducción del dibujo mientras recreaba con su dedo índice caballos de ensueño y aves de fantasía, en la efímera superficie de la ceniza que cubría el piso.
Fue por eso que acudió al taller de Don Felipe Tenorio Rivera, prestigioso caricaturista, quien lo guió por el arte del dibujo, y descubriendo en él mayores talentos habló con sus padres y les comunicó que podía convertirse en un valioso pintor, pero para eso era necesario que lo mandaran a la ciudad de México, pues él ya no podría seguir enseñándole, ya que sólo trabajaba la caricatura.
Dada la precaria situación económica de don Cristin Guerra, humilde herrero, Artemio Guerra Garza, no puede trasladarse a México e ingresar a San Carlos o La Esmeralda, como era su deseo. Es entonces que ingresa como aprendiz en el taller del pintor local Antonio Báez, quien sin mayor preparación plástica se dedica a la pintura comercial y hacer copias de obras taurinas de Ruano Llopis y Pancho Flores, que le dan para sobrevivir.

Tras esta experiencia, Guerra Garza, a la edad de 15 años, ingresa a la Casa del Arte de Ciudad Victoria, Tamaulipas. Ahí tiene como maestros de pintura a Manuel Salinas y Ramón García Zurita, y de dibujo a Ignacio Yépez. Tres años más tarde regresa a su ciudad natal e ingresa a trabajar a Petróleos Mexicanos como dibujante técnico. Su vocación empero es la pintura, por lo que en 1967 monta su primera exposición de dibujos a tinta inspirados en el huracán Behula, que azotó la zona Norte de Tamaulipas.
Cuatro años después funda el Taller de pintura "José Clemente Orozco" que a la fecha dirige.
En 1976 pinta un mural para la "Unión de Campesinos de América" en San Juan, Texas. De esta relación surgen invitaciones para exponer en Nueva York, Chicago, Houston y San Antonio, Texas.
Artemio Guerra Garza, desde entonces, suele hacer una exposición por año con la colaboración de Galería Theo, que dirige el Maestro oaxaqueño Teódulo Sosa.
Es así que su obra ha sido expuesta en numerosas ciudades de la República.
Actualmente trabaja en el proyecto de montar su primera exposición, con temas taurinos, en España, donde su obra ha llamado la atención.
Esa obra suya, donde la luz, el color, el ritmo y el movimiento, nos seducen con la irrefrenable fuerza del mito y el hito de lo intemporal que la impregnan.
Juan Cervera
2 de marzo, 2006.
México, D.F.

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